Anno Templi
 
DCCCXCII
 

 

 

 

 

Sólo la reciprocidad mutua y el respeto religioso entre Islam y Cristianismo nos acercará a la paz.

 

En la gira del presidente norteamericano al mundo árabe ha faltado valentía para denunciar la situación de los cristianos en países islámicos
 

11/06/09


El mundo árabe complaciente ante el discurso

 

En la alocución que el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica pronunció en la Universidad de El Cairo el pasado 4 de Junio, primó la nueva estrategia de Washington de tender a toda costa puentes de diálogo con el Islam para mejorar la imagen de los EE.UU. más que los hechos reales.

 

Para conseguir esto la Casa Blanca ha buscado poder tocar la raíz emocional de los musulmanes, especialmente para abordar la situación de Oriente Medio, el conflicto palestino-israelí y la situación de la población palestina o la ocupación de Irak. Una estrategia que sin duda fomentará aún más el victimismo que el mundo musulmán imprime en su discurso anti occidental y que actualmente le sirve para justificar las más horrendas atrocidades.

 

Plegar la verdad para lograr sus fines geoestratégicos, sin tener ningún tipo de reparos para manipular la realidad o la historia, es un gravísimo error que pasará factura al llamado mundo libre a corto plazo. La realidad del Islam actual es muy distinta a la que se ha referido el presidente Obama, por lo que es imposible conseguir una paz real basada en hechos que no se ajustan a la realidad.

 

Lejos de un discurso abierto al diálogo, positivo en su valoración del Islam, aunque firme en la defensa de los principios fundamentales; nos hemos encontramos con el típico pensamiento del “buenismo norteamericano”, que desde su mala conciencia se acompleja de la historia de Occidente. Los deseos de una convivencia pacífica no se pueden basar en referencias históricas que no son del todo ciertas, la historia no resulta ser la herramienta más apropiada para mostrar la existencia de un Islam abierto y respetuoso.

En la gira del presidente norteamericano
al mundo árabe ha faltado valentía
 para denunciar la situación de los
cristianos en países islámicos

 

La afirmación de que fue el Islam el que preparó el camino para el Renacimiento y la Ilustración es una falacia levantada sobre una realidad, la realidad es que el Islam nos puso en contacto con la ciencia india y con el pasado clásico, pero nada más. Otro exceso que no puede mantenerse en la realidad histórica y que los hechos actuales demuestran lo contrario, es la afirmación de que el Islam es tolerante. Citar a Andalucía y a Córdoba, como si la segunda no fuese parte integrante de la primera, afirmando que bajo el dominio musulmán existió tal pacífica convivencia, olvidando que los cristianos bajo este padecían un estatuto vejatorio según el cual eran tolerados como ciudadanos de segunda o tercera clase, más o menos como sucede hoy en día, ha sido otra gravísimo error.

 

Pero más preocupante han sido las referencias al Corán, poniéndolo como ejemplo de enseñanza pacífica y olvidándose que el mismo prescribe la persecución y muerte de aquellos que no se sometan a la ley de Mahoma, la discriminación de la mujer siendo su testimonio inferior al del hombre, la Yihad menor o Guerra Santa como obligatoria para todo creyente, el que la mujer deba ir absolutamente tapada, etc.

 

En la gira del presidente norteamericano por el mundo árabe han sobrado muchas meas culpas, verdades, y sobre todo valentía para denunciar la situación actual que sufren los cristianos en el mundo musulmán y a la ausencia de reciprocidad a la hora de poder profesar públicamente la fe cristiana en estos países, así como a levantar templos cristianos. Cuestiones estas que sin embargo los mahometanos pueden hacer en los países occidentales.

 

El resultado del discurso de Obama va a ser tremendamente negativo, ya que las masas musulmanas lo verán como una injerencia imperialista a la vez que los más radicales encontrarán en su política de apaciguamiento un mensaje de debilidad.

 

El islamismo, radical o no, se afirma en su fe mientras que los cristianos, sus líderes los primeros, parecen renegar de esa fe que conformó su historia y aún conforma los principios de su realidad. Esta verdadera apostasía se esconde bajo la cuestionable excusa de lograr una coexistencia pacífica que tan solo parece ser buscada por los ellos. Las sociedades cristianas aceptan el error y toleran de modo cobarde la falta de una verdadera reciprocidad en lo religioso.



 

 
 
 
   

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