Una iniciativa de Su Santidad Benedicto XVI que busca el dialogo directo con los musulmanes, sin intermediarios, en base al respeto mutuo y recíproco Acercamiento entre cristianos y musulmanes 14/11/08  Su Santidad Benedicto XVI, el profesor Seyyed Hossein Nasr y el Gran Mufti Mustafa Ceric |
Desde el Gran Priorato de España - Priorato Magistral de la OSMTJ aplaudimos la iniciativa de Su Santidad Benedicto XVI de buscar una interlocución directa y sin intermediarios con el Islam. Hace pocas semanas, el Gran Priorato de España realizaba con humildad, pero con gran dignidad, un "Ayuno Templario" con un sólo objetivo, llamar la atención de los líderes políticos internacionales para reclamar el derecho de todos los cristianos residentes en países musulmanes a ejercer libremente su fe, en reciprocidad con la libertad con la que los musulmanes llevan a cabo sus ritos y cultos en los países occidentales de tradición mayoritariamente cristiana. El Gran Priorato de España comparte plenamente la iniciativa emprendida por Su Santidad, totalmente coincidente con nuestros planteamientos y actuaciones, porque es necesario tener contactos directos, sin otros interlocutores, con los representantes de ese Islam moderado y dialogante para ayudar al entendimiento entre ambas religiones, contribuir a la paz y estabilidad mundial y arrinconar a los fundamentalistas islámicos que tanto están haciendo sufrir, hasta sus propios hermanos de religión que no comparten esa visión tan extremista. El Gran Priorato de España sigue hoy en día, como antaño lo hizo la Orden del Temple primigenia, defendiendo el derecho de los cristianos a poder ejercer libremente su fe en cualquier rincón del mundo, como antiguamente batalló porque los peregrinos pudieran acudir a Tierra Santa sin riesgo para sus vidas; al mismo tiempo que está abierto a las buenas relaciones con aquellas religiones que, como el verdadero Islam, tienen principios básicos comunes. FORO CATÓLICO - MUSULMÁN L'Osservatore Romano (8-XI-2008). El Foro católico-Musulmán ha sido creado por el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso y por una Delegación de 138 musulmanes firmantes de la carta abierta titulada Una Palabra Común, a la luz de tal documento y de la repuesta de Su Santidad Benedicto XVI a través del Secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone. El primer encuentro se ha desarrollado en Roma del 4 al 6 de noviembre 2008. Han intervenido 24 participantes y cinco consejeros de cada una de las dos religiones. El tema del seminario ha sido “Amor de Dios, amor del prójimo”. El debate, producido en un clima de convivencia, se ha centrado en dos grandes temas: “fundamentos teológicos y espirituales”, “dignidad humana y respeto recíproco”. Han aparecido puntos de semejanza y diferencias que reflejan la identidad específica de las dos religiones. DECLARACIÓN FINAL DEL PRIMER SEMINARIO CATÓLICO-MUSULMÁN 1.- Para los cristianos la fuente y el ejemplo del amor de Dios y del prójimo es el amor de Dios por su Padre, por la humanidad y por cada persona. “Dios es amor” (1 Juan 4, 16) y “Dios realmente ha amado tanto al mundo que le ha entregado a su Hijo unigénito, para que los que creen en él no mueran, sino que tengan vida terna” (Juan 3, 16). El amor de Dios está en el corazón del hombre por medio del Espíritu Santo. Y Dios, que nos ama previamente, nos permite así a su vez que le amemos. El amor no hace daño al prójimo, más bien intenta hacer al otro lo que quisiéramos que nos hicieran a nosotros (cfr. 1 Corintios 13, 4-17) El amor es el fundamento y la síntesis de todos los mandamientos (cfr. Gálatas, 5, 14) El amor al prójimo no se puede separar del amor a Dios, porque es una expresión de nuestro amor hacia Dios. Este es el nuevo mandamiento “que os améis los unos a los otros, como yo os he amado” (Juan 15,12). Basado en el amor sacrificial de Cristo, el amor cristiano perdona y no excluye a nadie. Por tanto, incluye también a los propios enemigos. No deben ser sólo palabras, sino hechos /cfr. 1 Juan 4, 18). Esta es su señal de autenticidad. Para los musulmanes, como se explica en la carta Una Palabra Común, el amor es una fuerza transcendente e imperecedera, que guía y transforma el mutuo respeto humano. Este amor, como nos enseña el Santo y amado profeta Mahoma, precede al amor humano por el Dios uno y trino. Un hadit muestra que la compasión amorosa de Dios por la humanidad es más grande incluso que la de una madre por su hijo (Muslim, Bab al-Tawba: 21). Por lo tanto existe antes e independientemente de la respuesta humana hacia el único que es “amable”. Este amor y esta compasión son talmente inmensos que Dios ha intervenido para guiar y salvar a la humanidad de una manera perfecta, muchas veces y en muchos lugares, enviando profetas y escritos sagrados. El último de estos libros, el Corán, presenta un mundo de signos, un cosmos maravilloso de divina maestría, que despierta nuestro amor y nuestra devoción absolutos para que “ los que creen, tengan por Allah el amor más grande” (2: 165) y El concederá su amor a los que crean y hagan el bien” (19:6) En un hadit leemos que “ninguna de vosotros tiene fe mientras no ame a su prójimo como a sí mismo (Bukhari, Bab al-Imán: 13). 2. La vida humana es un don preciosísimo de Dios a cada persona, que debe ser por tanto preservada y honrada en todas sus fases. 3.- La dignidad humana deriva del hecho de que cada persona está creada por el amor de un Dios amoroso, y se le entregan los dones de la razón y del libre albedrío y, por ello, le está permitido amar a Dios y a los demás. Sobre la base sólida de estos principios, la persona exige el respeto de su dignidad originaria y de su vocación humana. Por tanto tiene derecho al pleno reconocimiento de la identidad propia y de la propia libertad de cada individuo, comunidad y gobierno, con el apoyo de las leyes civiles que deben garantizar la igualdad de derechos y la ciudadanía plena. 4.- Afirmamos que la creación de la humanidad por parte de Dios presenta dos grandes aspectos: la persona humana hombre y mujer, y nos comprometemos a garantizar conjuntamente que la dignidad y el respeto humanos alcancen tanto a hombres como a mujeres sobre una base de igualdad. 5.- El amor auténtico del prójimo implica el respeto a la persona y a sus decisiones en cuestiones de conciencia y de religión. Se incluye ahí el derecho de los individuos y de las comunidades a practicar su religión en privado o en público. 6.- Las minorías religiosas tienen el derecho de ser respetadas en sus convicciones y prácticas religiosas. Tienen derecho a sus lugares de culto; sus imágenes y los Símbolos que consideren sagrados no deberían sufrir mofas o burlas de ningún tipo. 7.- Como creyentes católicos y musulmanes conocemos la vocación y la obligación de dar testimonio de la dimensión transcendente de la vida a través de una espiritualidad alimentada con la oración, en un mundo que cada día está más secularizado y materializado. 8.- Afirmamos que ninguna religión ni sus seguidores deben ser excluidos de la sociedad. Todos tienen que poder dar su aportación indispensable al bien social, en particular en la ayuda a los más necesitados. 9.- Reconocemos que la creación de Dios con su pluralidad de culturas, civilizaciones, lenguas y pueblos es una fuente de riqueza y por tanto no puede nunca convertirse en causa de tensión o de conflicto. 10.- Estamos convencidos de que católicos y musulmanes tiene el deber de ofrecer a sus propios fieles una sana educación en los valores morales, religiosos, civiles y humanos y de promover una cumplida información sobre la religión del otro. 11.- Creemos que católicos y musulmanes estamos llamados a ser instrumentos de amor y de harmonía entre los creyentes y para toda la humanidad, renunciando a cualquier opresión, violencia agresiva, actos terroristas, en particular los que se cometen en nombre de la religión, y a apoyar el principio de justicia para todos. 12. Animamos a los creyentes a trabajar por un sistema financiero ético en el que los mecanismos reguladores tomen en consideración la situación de los pobres y de los marginados, sean estos individuos o naciones endeudadas. Exhortamos a los privilegiados del mundo a pensar en la plaga de los que están golpeados más gravemente por la actual crisis en la producción y distribución de los alimentos, y pedimos a los creyentes de todas las denominaciones y a todas las personas de buena voluntad que cooperen para aliviar el sufrimiento de quien tiene hambre y para eliminar sus causas. 13.- Los jóvenes son el futuro de las comunidades religiosas y de la sociedad en general. Vivimos cada vez más en sociedades multiculturales y multireligiosas. Es esencial que estén bien preparados en sus propias tradiciones religiosas y bien informados sobre las otras culturas y religiones. 14.- Hemos acordado considerar la posibilidad de crear un Comité Católico-Musulmán permanente, que coordine las respuestas a los conflictos y a las situaciones de emergencia, y organizar un segundo seminario en un País de mayoría musulmana todavía por decidir. Todos los participantes damos gracias a Dios por el regalo de estos días vividos juntos y por este intercambio provechoso. |