|
Ni cruzada ni complacencia
Las declaraciones de Benedicto XVI
han
aflorado la autentica cara del
Islam en nuestros días, un Islam en poder de
los sectores más fundamentalistas y radicales que no vacila
en eliminar, si es necesario físicamente, las voces mas
moderadas entre sus seguidores.
27/09/06

El Islam radicalizado |
Fuente:
ACEPRENSA
La polémica suscitada por la cita
sobre el Islam en el discurso de Benedicto XVI en Ratisbona
puede hacer olvidar otras ocasiones en las que el Papa se ha
dirigido directamente a los musulmanes. Siempre lo ha hecho
con respeto y cortesía. Sin embargo, sí puede advertirse
cierto énfasis en las preocupaciones del Papa respecto al
Islam: el rechazo de la invocación religiosa para justificar
la violencia y la petición de reciprocidad en el ejercicio
de la libertad religiosa.
No son muchas las ocasiones en que
Benedicto XVI ha hablado de las relaciones entre la Iglesia
católica y el Islam. El discurso más extenso es el que
dirigió a los representantes de comunidades musulmanas, con
ocasión de la Jornada de la Juventud en Colonia
(20-08-2005).
Por una parte, insistió en que
cristianos y musulmanes deben oponerse a cualquier
justificación religiosa de la violencia: "Sé que muchos de
vosotros habéis rechazado con firmeza, y también
públicamente, en particular cualquier conexión de vuestra fe
con el terrorismo y lo habéis condenado claramente. Os doy
las gracias por esto, pues así se fomenta un clima de
confianza, muy necesario".
"Los que idean y programan estos
atentados –continuó– demuestran querer envenenar nuestras
relaciones y destruir la confianza, recurriendo a todos los
medios, incluso a la religión, para oponerse a los esfuerzos
de convivencia pacífica y serena".
Buscando siempre un terreno común,
Benedicto XVI expresó su convicción de que "la vida de cada
ser humano es sagrada, tanto para los cristianos como para
los musulmanes. Tenemos un gran campo de acción en el que
hemos de sentirnos unidos al servicio de los valores morales
fundamentales".
EVITAR ERRORES DEL PASADO
No ocultó el enfrentamiento que ha
habido muchas veces a lo largo de la historia entre
cristianos y musulmanes, pero lo recordó precisamente para
superarlo. "Cuántas páginas de historia dedicadas a las
batallas y las guerras emprendidas invocando, de una parte y
de otra, el nombre de Dios, como si combatir al enemigo y
matar al adversario pudiera agradarle. El recuerdo de estos
tristes acontecimientos debería llenarnos de vergüenza,
sabiendo bien cuántas atrocidades se han cometido en nombre
de la religión. Las lecciones del pasado han de servirnos
para evitar caer en los mismos errores. Nosotros queremos
buscar las vías de la reconciliación y aprender a vivir
respetando cada uno la identidad del otro. La defensa de la
libertad religiosa, en este sentido, es un imperativo
constante, y el respeto de las minorías una señal
indiscutible de verdadera civilización".
EXIGENCIA DE RECIPROCIDAD
La invocación de la libertad
religiosa y del respeto a las minorías expresa otra de las
preocupaciones actuales de la Iglesia católica en sus
relaciones con el Islam. Sin duda, hay un sentimiento de
frustración al comparar la libertad de que gozan los
musulmanes en Occidente para construir mezquitas y vivir y
propagar su fe, mientras que en no pocos países islámicos
los cristianos viven en una situación de catacumbas.
Los crecientes flujos migratorios
desde y hacia los países islámicos han puesto más en primer
plano esta situación. No es extraño, pues, que el pontífice
llamara la atención sobre la exigencia de reciprocidad en un
discurso dirigido el pasado mayo al Consejo Pontificio para
la Pastoral para los Emigrantes (15-05-2006). La
reciprocidad, aclaró, consiste en "una relación fundada en
el respeto recíproco y, ante todo, en una actitud del
corazón y del espíritu".

El Islam prohíbe las Iglesias
o las quema |
Según este principio, los
cristianos, que están llamados a acoger "con los brazos
abiertos" a inmigrantes de religión islámica, esperan que
también "los cristianos que emigran hacia países de mayoría
islámica encuentren acogida y respeto de su identidad
religiosa".
La actitud más crítica hacia el
fundamentalismo islámico y la exigencia de reciprocidad en
la libertad religiosa responden a una actitud cada vez más
extendida en el Vaticano. Cuando el pasado marzo Benedicto
XVI reunió al Colegio cardenalicio, uno de los temas
elegidos para tratar a puerta cerrada fue el de las
relaciones con el Islam. Y, según comentarios de
participantes, hubo una firme insistencia en que ya es hora
de abandonar el silencio diplomático sobre la persecución o
discriminación de los cristianos en países musulmanes.
Esto ha de buscarse a través del
diálogo, camino que Benedicto XVI ha subrayado desde el
primer momento con claridad. Inmediatamente después de la
Misa de inauguración del pontificado, al saludar a los
representantes de otras religiones allí presentes, dijo a
los musulmanes: "Estoy particularmente agradecido por la
presencia entre vosotros de miembros de la comunidad
musulmana y expreso mi aprecio por el crecimiento del
diálogo entre musulmanes y cristianos, tanto en el ámbito
local como en el internacional. Os aseguro que la Iglesia
quiere seguir construyendo puentes de amistad con los
seguidores de todas las religiones". Y, en el encuentro de
Colonia, reconoció que "el diálogo interreligioso e
intercultural entre cristianos y musulmanes (...) es una
necesidad vital, de la cual depende en gran parte nuestro
futuro".
LA VISIÓN DE RATZINGER
Aunque una cosa son las palabras
del teólogo Ratzinger y otra el magisterio de Benedicto XVI,
no está de más recordar lo que contestaba a la pregunta
sobre el Islam en la entrevista con Peter Seewald en el
libro "La sal de la tierra" (1996, págs. 264-267).
En una respuesta muy matizada,
Ratzinger aclara que "el Islam no es una realidad uniforme",
y que "no tiene un magisterio doctrinal común". Entre otras
divisiones, no hay que confundir un Islam "noble" con un "Islam
extremista, terrorista, que no se debe identificar con el
Islam en general, porque no sería justo".

Benedicto XVI |
Pero advierte que el Islam no se
trata de una confesión religiosa más, que se inserta en una
sociedad pluralista. No está estructurada como el
cristianismo. "Porque el islamismo no admite, en absoluto,
esa separación de los ámbitos político y religioso, que,
desde el principio, caracteriza al cristianismo". El Corán
es una ley religiosa que regula la totalidad de la vida
política y social islámica, "con planteamientos muy
distintos de los nuestros. Hay un claro sometimiento de la
mujer al varón, y, en su concepción de la vida, existe un
sistema ordenado de derecho penal, que continuamente se
contrapone a nuestro concepto de sociedad moderna".
¿A qué se debe entonces la
creciente importancia del Islam en el mundo actual?
Ratzinger lo atribuye a la confluencia del declive religioso
en Occidente y del poder financiero de algunos regímenes
árabes. "Ante la profunda contradicción moral del mundo
occidental y su confusión interior, y ante la reaparición
del poder económico en los países árabes, el alma islámica
despertó (...). Así los musulmanes tienen la convicción de
que el Islam, al final, es el que ha quedado en escena como
la religión más viva, que ellos tienen algo que decir al
mundo; que son la verdadera fuerza religiosa del futuro".
Benedicto XVI ha tenido ocasión de
experimentar estos días que este diálogo necesario con el
Islam no va a ser nada fácil.
|