Anno Templi
 
DCCCXCII
 

 

 

 

 

Complot contra los templarios

 

Un documento inédito del Papa Clemente V revela que, en realidad, absolvió de herejía a la famosa orden en el proceso que acabó con ellos.

10/11/04
 


 

ÍÑIGO DOMÍNGUEZ/CORRESPONSAL. ROMA

En el Archivo Vaticano ha aparecido un papel que arroja luz sobre uno de los misterios históricos que más pasiones desatan: el fin de los templarios. La orden monacal y guerrera, fundada hacia 1100 en Jerusalén para defender los santos lugares, acabó sus días en 1314 de forma dramática tras una persecución en toda regla. Fue capitaneada por el rey francés Felipe IV el Hermoso, celoso del poder político y económico de los templarios, que no paró hasta llevar a la hoguera al último Gran Maestre, Jacobo de Molay.

 

Pero el papel del Vaticano fue ambiguo y aún hoy es difícil de interpretar. Se sabía que el Papa Clemente V trató de poner freno al proceso abierto en Francia en 1307, pero no que él en persona firmó un documento un año después en el que absolvía a los templarios de la acusación de herejía. Ha sido descubierto por una joven investigadora, Barbara Frale, de 34 años, que lo incluye en un libro de inminente publicación y que ayer fue adelantado por el 'Corriere della Sera'.

 

Los espías infiltrados en la orden del rey francés habían visto que su punto débil para iniciar una operación de acoso y derribo era el ritual de ingreso en los templarios, en el que se pedía al aspirante, entre otras pruebas y humillaciones, que escupiera en la cruz y renegara de Cristo. De ahí nacieron las acusaciones de herejía, blasfemia, sodomía e idolatría, pero en opinión de Frale, «el Papa y los cardenales, pese a condenar estas prácticas, no las consideraban una herejía, sino un modo para poner a prueba la obediencia absoluta de los caballeros e incluso prepararles a lo que los sarracenos podrían hacer con ellos».

 

Con esta información, Felipe el Hermoso ordenó en 1307 una redada masiva de templarios, que en su mayoría habían regresado a Francia y eran un poder dentro del Estado. El monarca los procesó por su cuenta con la ayuda de la Inquisición francesa y la tortura fue el mejor método para arrancar confesiones, aunque en los procesos abiertos en España en las mismas fechas apenas tuvo resultados. «Fue un complot y el Papa intentó detenerlo con la absolución, pero no lo consiguió, porque el rey francés respondió con un proceso de brujería contra el anterior pontífice, Bonifacio VIII, y había un riesgo de cisma de la Iglesia de Francia». En esta guerra política, el monarca impuso finalmente su autoridad sobre la del Papa.

 

A la luz de estas explicaciones, la historiadora también relativiza la famosa decisión posterior de Clemente V, que en 1312 disolvió la orden del Temple en el concilio de Vienne. «No es exacto: el Papa suspendió la orden, por las manchas a la dignidad de muchos de sus miembros, pero no era definitiva, preveía restablecerla tras su arrepentimiento, pero murió y en 700 años ningún pontífice la modificó».

 

 

 
 
 
   

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